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Fuerte, decidida y con confianza en sí misma, España se está ganando al mundo en todos los campos, desde las artes y los deportes hasta los negocios, pasando por su nuevo peso en política exterior [inglés]
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Delantero Trasero, De Febrero El 29 De 2004; 15.48GMT
Palacio defiende en términos similares el apoyo de Aznar a la guerra de Irak, a la que se oponía más del 90% de los ciudadanos españoles. “En los meses de febrero y marzo del año pasado había una percepción general de que el Partido Popular iba a perder las elecciones, por haber defendido las posiciones que había defendido”, dice, para añadir después con orgullo: “Yo creo que si alguna vez hay un récord en el Libro Guinness de un gobierno que toma una decisión pensando en los intereses de un país y no en los intereses a corto plazo, ése desde luego es para el gobierno de Aznar. Y luego se demostró que tenía razón, porque las elecciones regionales y locales fueron muy buenas para el Partido Popular”.

Jiménez y Trueba, por otra parte, condenan la altiva política de Aznar porque en su opinión crea división, y marca el final, o por lo menos un alejamiento, de la política de consenso que caracterizó la ejemplar transición española de la dictadura a la democracia. Lo que verdaderamente encona a Jiménez es la falta de respeto que percibe en la actitud de Aznar hacia la oposición. “Decir que el partido socialista no tiene un compromiso fuerte contra el terrorismo y con la defensa de la unidad de España no solamente es una irresponsabilidad política, sino un insulto a todos los concejales y cargos públicos que cada día, como los concejales y cargos públicos del Partido Popular, tenemos que llevar protección policial para defender nuestras vidas”, dice indignada. “Ahí me parece que existe esa radicalidad, que el clima político se ha visto en estos últimos meses, en estos últimos años, ensombrecido por esto”.

En cierto sentido, Aznar sigue siendo un misterio, incluso para Palacio: “Aznar es un personaje que conozco; bueno, conocer a Aznar no es fácil”, admite. “Es un personaje muy reservado, muy castellano. En ese sentido es austero, se transparenta poco; nadie sabe qué va a hacer cuando deje de ser presidente”. Pero ella respeta su don para las ideas claras y sencillas, como por ejemplo, que España debe sacudirse sus complejos y proyectar su energía. Y que España, como proyecto, es viable, una opinión que ella cree que no comparten las personas de tendencias nacionalistas y sobre la que piensa que los socialistas “están dando señales de confusión”. Ninguno tiene dudas con respecto a las intenciones de Aznar. “Es terco”, dice Palacio. “Más que de agresivo, yo le calificaría de adusto, que es una palabra muy española”.

Trueba cree que el problema es más profundo, que va más allá de la mera personalidad de un hombre: “Los políticos españoles tienen miedo, no te sabría decir exactamente a qué, pero les hace encerrarse. Hablo de los políticos que tienen poder. Se van encerrando, se aíslan de la sociedad”, dice, “y acabamos con presidentes en una isla desierta. Yo les escribiría una carta diciéndoles ‘oigan, no tengan miedo”. Adrià duda que unas misivas tranquilizadoras puedan hacer la tarea más agradable. “Yo pienso que para ser político hay que estar loco”, concluye Adrià. “Hay un trabajo peor que el de cocinero, y es el de político”.

Afortunadamente para España, sigue habiendo almas valerosas, esforzadas o — en algunos casos — hambrientas de poder, que piensan de forma distinta y están deseosas de asumir la responsabilidad de llevar el timón del país en una dirección u otra. Pero ya no será Aznar quien desempeñe este papel. ¿Significará su partida el fin de una era de enfrentamiento político en España? Jiménez así lo espera: “Es verdad que estamos en un periodo electoral, pero yo creo en la madurez democrática de los políticos y de las instituciones y creo que se puede reconstruir ese consenso en las cuestiones básicas”, dice.

Trueba ve un desafío mayor para los políticos españoles de todas las tendencias: deben encontrar en el pueblo español la misma confianza que él cree que tienen en sí mismos. “Los sectores dominantes desconfían de los ciudadanos del país, de su capacidad para hacer algo, para autogestionarse, para reinventarse”, dice. Puede que sea así. Pero aunque esto sea cierto, los “sectores dominantes” no han podido impedir que muchos españoles – cada vez más, de hecho – hagan todo tipo de cosas económicamente lucrativas y descabelladamente creativas. Prueba de ello es el postre del chef Paco Roncero: piruletas de chocolate blanco con granos de pimienta rosa.

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